Postuladora y Comisión histórica

 

 

Fase diocesana

El postulador, es una figura jurídica nombrada por la autoridad eclesiástica,  que tiene la competencia de defender los intereses del actor que lo ha nombrado y de colaborar con dicha autoridad en la promoción de la causa y la búsqueda de la verdad.

Esta figura asume unos derechos y deberes, continuos durante toda la Fase Diocesana, como recoger las pruebas, promover la causa en la Iglesia Local, informar al Obispo de sus resultados y de los posibles obstáculos.

Antes del inicio de la Causa, el postulador presenta un “Supplex Libellus” conforme a lo requerido en el canon 1504 del Código de Derecho Canónico. Se trata de un documento que recoge la petición de demanda ante el Obispo para el inicio de la Causa. Junto a este documento se incluyen las biografías de cada Siervo de Dios,  con el fin de valorar  su trayectoria personal, sus virtudes y las circunstancias en que sucedió el  martirio.

Todos los materiales que se presentan ante el Obispo o Delegado tienen como objeto determinar la prueba sobre el martirio o las virtudes heroicas del Siervo de Dios. En una Causa antigua (de acuerdo con la clasificación que se suele manejar; recientes o antiguas) se valoran todas las pruebas documentales, históricas, escritos, etc. Los testimonios de las familias, amigos o personas cercanas completan la documentación necesaria para atestiguar la Fama del Siervo de Dios en su momento de martirio.

Esta Causa abre un proceso clave para la Historia de  nuestras Diócesis de Madrid y Getafe. El testimonio que dieron aquellos sacerdotes, religiosos y laicos por Jesucristo, nos ayuda en nuestra vida como cristianos y no hemos de olvidarlo. Su fe, en los momentos vividos tiene que ser una roca en nuestras vidas. La Iglesia ha sido perseguida en muchas etapas de la historia y los mártires son aquellos que iluminan estos momentos derramando su sangre. Entregando su vida sin resistencia a quienes se le arrebatan de una forma violenta. Como afirma Juan Pablo II “el martirio es un signo preclaro de santidad de la Iglesia: la fidelidad a la ley santa de Dios, atestiguada con la muerte es anuncio solemne y compromiso misionero”.

Por eso desde la postulación es importante promover la vida y el testimonio de los mártires en estos tiempos; como en las primeras Comunidades cristianas que  difundían y reavivaban la vida de aquellos que habían entregado su vida, con la máxima fe y amor al otro.

 La Iglesia les reconoce con tal solemnidad, al  lado de la Virgen que es reina de los mártires. Ellos dieron el sí en el momento de su muerte. Fueron semilla que tuvo que romperse.

Se anima  a mantener viva la Fama de estos Siervos de Dios en las parroquias dónde ejercieron su ministerio y vivieron su fe,  y a promover su figura  dándola a conocer a los cristianos. Ellos forman parte de los que han alcanzado la Gloria Eterna y velan por la Comunidad parroquial, siendo intercesores por nosotros. 

La labor de la Comisión Histórica

No hay mayor satisfacción para un historiador que la de hacer Historia, esto es, aportar por medio de una investigación exhaustiva y rigurosa algo nuevo y relevante a aquello que ya se conocía o se tenía por verdadero. Son pocas las ocasiones en las que esto es posible, pues a menudo los nuevos estudios que se realizan no abordan una temática tan trascendental como la que los miembros de esta Comisión histórica investigan. En efecto, D. José Ramón Godino Alarcón, D. Javier Sebastián Moreno y D. Francisco Javier Real Rodríguez buscan en esta Causa de Beatificación de Cipriano Martínez Gil y 55 compañeros mártires durante la persecución religiosa en España (1931-1939) rescatar del olvido la vida, y sobre todo la muerte, de estos perseguidos por su fe en un momento dramático para España y sobre todo para la Iglesia que peregrinaba en Madrid, que perdió la mitad de sus templos, más de un tercio de sus sacerdotes y buena parte de sus fieles.

            Si el contacto con el pasado mueve al historiador con cautela ante lo investigado, cuando el motivo de su búsqueda es de esta naturaleza la prudencia se torna en respeto, por el sufrimiento de esas personas que han llegado a dar su vida por su fe y sus ideas. Y ese respeto se vuelve aún más profundo cuando las vidas de los que historiadores se cruzan con la de los familiares de los investigados, comprobando que sigue viva en su mente y en sus corazones la llama de la esperanza para que se reconozca el ofrecimiento de sus vidas. Estos familiares no han guardado sólo el recuerdo, sino también preciosos testimonios de su existencia, que a través de fotografías, cartas y documentos están enriqueciendo la búsqueda que realiza la Comisión histórica.

            Se cumplen así las instrucciones sobre el procedimiento a seguir en una causa de beatificación por martirio, pues aunque la documentación más importante es la relativa a las circunstancias que rodearon esas muertes, no se pueden dejar de lado otras pruebas de sus vidas, recogiendo así una gran cantidad de documentación personal y otra procedente de archivos religiosos y civiles. En una causa como ésta la función de la Comisión histórica se vuelve esencial, pues lo que se pretende ilustrar, la persecución y martirio de estos sacerdotes y laicos, se hace fundamentalmente a través de los procesos que se llevaron a cabo antes de sus asesinatos y después de su muerte.

            Para los miembros de la Comisión es un orgullo participar activamente en este proceso, conscientes de su importancia y relevancia, al tratarse además de la primera causa de beatificación de  sacerdotes seculares de la entonces diócesis de Madrid Alcalá. Quiera Dios que se culminen con éxito todas las investigaciones en torno a esta causa para ver pronto en los altares a estos 56 mártires, y que se continúe la investigación de otros tantos sacerdotes, religiosos y laicos que también dieron su vida por su fe en aquellos momentos.

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